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MANIFIESTO SOBRE EL DERECHO AL JUEGO DIGITAL

NOTA: Este manifiesto está en construcción. Si quieres sumarte al equipo de trabajo para elaborar el manifiesto escribe a info@arsgames.net

 

 

El derecho al juego de niñas niños y jóvenes, viene recogido en diversas legislaciones tanto de carácter internacional como estatal, que muestran su importancia en su desarrollo personal, intelectual, emocional y social.

En la Declaración de los Derechos de los Niños por la Organización de Naciones Unidas de 1989, acogida por más de 220 países, en su artículo 31, se reconoce el juego como un derecho fundamental de niñas y niños. De esta forma “Estados Parte reconocen el derecho del niño y la niña al descanso y al ocio, al juego ya las actividades recreativas propias de su edad ya participar libremente en la vida cultural y en las artes”.

Entendiendo el juego como un derecho, se reafirma la idea de su relevancia para el crecimiento y el desarrollo del ser humano, tanto individual como colectivo y como aspecto innegociable de la dignidad humana. Tal como señala María de Borja y Solé (2006) el juego “es una capacidad que es dada por el código genético y es una posibilidad natural que no se aprende sino que es intrínseca a él”. Esta idea del juego como herramienta de aprendizaje y desarrollo personal, es reafirmada en la legislación estatal con la Ley 14/2010, de 27 de mayo, de los derechos y las oportunidades en la infancia y la adolescencia, que reconoce que niños y adolescentes tienen derecho a recibir una formación integral en el tiempo de ocio.

Cabe destacar sin embargo, a pesar de que entiende el juego como una parte intrínseca del ser humano fundamental para su desarrollo que no sólo se restringe a la infancia, este derecho no se reconoce para los adultos. A raíz de esta cuestión autores como Tom Apperley (2015), cuestionan cómo pueden hacer valer los niños un derecho en un lugar en el que el no está protegido por los adultos.

Apperly (2015) sitúa como ejemplo el GamerGate (conjunto de procesos sexistas contra la mujer en la cultura de los videojuegos, que derivó en una campaña de ciberacoso a través del uso del hashtag #GamerGate), como una muestra de las dificultades que surgen de la separación de las formas de juego entre adultos y niños. Este autor enfatiza en la idea de cómo se puede garantizar un derecho a niñas y niños, cuando este derecho se precariza en los adultos por razones de género.

Sumada a esta problemática, nos encontramos también con que el juego se ha vuelto cada vez más digital.

La creciente interacción con las tecnologías de la información y la comunicación, trajo consigo la aparición de conceptos como ciudadanía digital que fomentó debates en torno a los derechos digitales, así como la necesidad de legislar para regularlos. Este hecho cobra especial importancia cuando hablamos de la infancia, dado que se ha demostrado que el acceso a entornos digitales (incluyendo darle el juego), tiene una clara influencia, tanto en el empoderamiento de las personas, como en procesos de participación comunitaria, cívica y cultural. De ahí la necesidad de plantear el debate, sobre la necesidad de garantizar el Derecho a Juego Digital.

Por otra parte y relacionado también con este tema, surge la problemática derivada de los datos que se generan en entornos digitales y que son almacenados, vendidos y empleados por terceros, en la mayor parte de ocasiones de forma poco transparente y con intereses privativos. Este hecho también afecta a los videojuegos, al jugar se generan muchos más datos de los que lo hacen en las redes sociales, desgraciadamente, este es un hecho que pasa desapercibido y del que no se habla. Un ejemplo lo encontramos en el videojuego Cow Clicker (Bogost, 2018), que sin querer recaudó datos como para desarrollar perfiles de los usuarios bien detallados, con sus intereses y comportamientos. El estado de Nuevo México, ha sido el único que ha buscado regular este hecho, al detectarse que numerosos videojuegos infantiles, estaban recogiendo datos de una forma que vulneraba sus derechos y poniendo las y los jugadores en situación de riesgo.

Otro aspecto a tener en cuenta, son aquellos juegos “gratuitos”, que aparte de recolectar datos personales, gustos y comportamientos sobre las y los jugadores, promueven un sistema de juego basado en prácticas conductistas, que rozan el fomento de la ludopatía (del Castillo y Sarabia, 2018). Podemos ver un minucioso análisis de estas prácticas en patrones oscuros  en la que se recogen estrategias temporales (como las recompensas diarias que empujan al jugador a entrar cada día al juego o temporizadores que te hacen esperar para poder jugar a no ser que pagues), psicológicas (artículos coleccionables que nos hacen querer seguir jugando para completar la colección o recompensas aleatorias que aplican el conductismo operante para mantenernos enganchados), monetarias (como las monedas del juego que puedes comprar con dinero real que oculta el valor real de los artículos, el conocido “pay to win” por el que comprando determinados assets del juego tienes ventajas sobre otros jugadores) y sociales (como las bonificaciones por invitar amigos, o el miedo a que el videojuego avance sin nosotros, algo que ocurre en muchos videojuegos multijugador online).

En resumen:

1.- Es difícil defender el derecho al juego cuando está garantizado en la infancia pero no en la edad adulta y existen espacios de juego compartidos.

2.- El juego es cada vez más juego digital.

3.- Muchos de nuestros derechos en los espacios digitales no se cumplen.

4.- Se dan casos de acoso y discriminación por motivos de género u orientación sexual.

5.- El extractivismo de datos alcanza también el entorno de los videojuegos y se emplean patrones oscuros para le fomento de conductas adictivas.

Son estas razones las que nos llevan a plantear la necesidad de poner sobre la mesa el debate de la defensa de los derechos digitales en los videojuegos, así como evidenciar la necesidad de que los videojuegos sean una actividad protegida y regulada, de forma que el derecho al juego quede vinculado a los discursos de ciudadanía digital, participación ciudadana y derechos digitales (Apperley, 2015).

Próximamente. Si quieres sumarte al equipo de trabajo para elaborar el manifiesto escribe a info@arsgames.net

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